UÑA Y CARNE, no es un grupo MÁS en la escena musical española

UÑA Y CARNE, no es un grupo MÁS en la escena musical española

Uña y Carne es un grupo musical de rumba flamenca lanzado en 2021 por el cineasta, compositor y productor Carlos Salado y el cantante Antonio Clavería. Surgió a partir de la BSO de la película neorrealista Criando Ratas, rumbas que tuvieron una acogida en el público con más de 12 millones de reproducciones.

Tras el lanzamiento de su primer álbum “Lo que el tiempo no sabe borrar”, y tras el recopilatorio “Consume Rumba Sin Moderación”, el grupo ha colaborado con artistas como El Canijo de Jerez, Bebe, Lennis Rodríguez, Jincho o Costa, y han sacado varios singles en solitario.
Con sus letras y videoclips pretenden invitar a la reflexión, conmover al público y establecer líneas de debate en torno a problemáticas sociales.

 

Uña y Carne no es un grupo más en la escena musical española. Es un proyecto que se erige como plataforma de denuncia y de solidaridad. Lo que comenzó como una extensión cinematográfica de realidades marginales ha evolucionado en un colectivo que utiliza la música como altavoz para cuestiones sociales urgentes. En cada concierto, en cada videoclip y en cada charla o taller, late el mismo propósito: hacer que la audiencia deje de ser meramente espectadora para convertirse en agente de cambio.

Los videoclips de Uña y Carne son otra prueba de esa coherencia entre forma y fondo. A diferencia de la mayoría de las producciones musicales, aquí no vemos rostros conocidos ni paraísos artificiales: los protagonistas son actores no profesionales, personas que han formado parte de los colectivos que el grupo denuncia. Y esa selección es deliberada: se busca traducir la narración sonora a imágenes palpables, acercando el cine y la cultura a quienes, por norma, quedan al margen de ambas.

Uña y Carne demuestra que la autenticidad es su mayor fortaleza. Nada en su discurso está diseñado para agradar a las modas pasajeras: la crudeza de las historias, el realismo sin edulcorar, el protagonismo de rostros que no suelen aparecer en portadas, todo ello se articula para erigir un discurso coherente.

Al abandonar una de sus actuaciones, no queda la sensación de haber asistido a un simple concierto: queda el eco de los testimonios escuchados, la impresión de haber visto realidades que pocos retratan y, sobre todo, el impulso de preguntarse qué podemos hacer para cambiar ese panorama. Uña y Carne demuestra que la música, cuando se enfrenta con honestidad a la realidad, puede ser un motor de transformación.